El bosque de las palabras

“De nada ha surgido un conjunto de sentimientos comunes”
Con estas palabras de Rafael Ballesteros, podría resumirse el homenaje personal que un grupo de amigos tributó a este insigne poeta malagueño días pasados.
En torno a la amistad y a la admiración que los asistentes sostienen a Rafael Ballesteros, se invocó un rito de afecto emotivo en torno a una mesa, donde la comida fue justificación y la bebida celebración, para confirmar la aseveración más potente para el ser humano y que en las palabras de Rafael cobran significado especial, ya que el rito se transforma en acción de vida: “El que tiene amigos, tiene vida.”
Hay cosas fundamentales en la opinión de Rafael Ballesteros que cobran más importancia a cierta edad. Sentirse vivo y creador, y tener corazón para amar y comprender.
Esta no puede ser una crónica periodística, al uso, de un encuentro afectuoso en torno a uno de los personajes poéticos más reconocidos de la poesía actual. Por eso, hoy, en el Bosque de las palabras, omitiré, en conciencia, los nombres de los asistentes, pues nuestra conciencia solo estuvo al servicio de la amistad profesada a Rafael, por todo lo que en sus noventa años, “casi”, dice él, nos ha ofrecido y nos tiene por ofrecer.
Dejemos, pues, que sea Rafael Ballesteros quien nos diga sobre lo fundamental de la amistad.
“Nada es comparable al amor”
Y entonces nos rendimos a la pronunciación del verbo amar, y sucumbimos a su infinitivo, ya que lo cordial del hombre, lo emocional del ser humano, pervive en el corazón que ama y comprende, con la fuerza creadora que sostiene la entereza de sentirse vivo.
Rafael Ballesteros tiene casi noventa años, ochenta y ocho, en verdad. Y todos los días de su vida se levanta vivo, con capacidad de crear, venciendo las dudas de la sombra y buscando en la luz de su corazón, amor y comprensión, eso que es el motor de su existencia, y que a todos nosotros nos transmite con la sincera emoción de contarnos entre sus amigos, cosa que nos llena de orgullo y nos inclina al gran abrazo en el que nos fundimos.
El video es de Isabel Torné.























