El bosque de las palabras

Hace unos días, un grupo de amigos tuvimos la fortuna de reunirnos con el poeta malagueño Francisco Ruiz Noguera, con quien compartimos tiempo y palabras.
El vídeo con el que hemos abierto en el día de hoy nuestro espacio El bosque de las palabras es el de la lectura por el propio autor de su poema, La busca. Unos versos que bien podrían definir su exquisita poética, que, como él mismo ha dicho, se basa en el “buceo en la memoria con las armas del lenguaje”. Un poema simbolista, como lo es en gran medida su obra, por la evocación, la sugerencia y el ritmo de la palabra, pues Ruiz Noguera nos tiene dicho que “la poesía es una cuestión de lenguaje…
Incluso la poesía visual tiene su raíz en la palabra.”
Campo de pluma. Laberinto. La manzana de Tántalo. Pentagrama. La luz grabada. Simulacro de fuego. El año de los ceros. El oro de los sueños. Materia griega. Arquitectura efímera. Otros exilios.
Son algunos de los títulos donde está presente la memoria del tiempo y la fina ironía que imprime a su poesía, o, de forma generalizada, la ausencia de sentencias que cambia en sus versos por ideas sugeridas.
Francisco Ruiz Noguera ejerce la crítica literaria, la traducción y el ensayo. Trabajos sobre Atencia, Canales o Pablo García Baena son consultados asiduamente para conocimiento y engrandecimiento de las obras de estos autores.
En este video de Isabel Torné, nos habla Ruiz Noguera de la altura poética de Blas de Otero, como ejemplo de la dualidad que el poeta, los poetas, experimentamos en la formulación compositiva de nuestras obras.
Iba transcurriendo la tarde, entre palabras, pareceres y opiniones de los congregados alrededor del profesor Francisco Ruiz Noguera.
Iban sucediéndose los minutos que en la estival tarde urdían las expresivas lecciones de un maestro del verso.
Y así, atisbada la frontera del tiempo que nos permite la felicidad del momento compartido, nos entregamos todos a las palabras seductoras del maestro, lecciones que, abrazadas a nosotros, nos llevamos en el alma, dentro, para crecer en la experiencia debida al poema de nuestro existir.
Gracias, Francisco Ruiz Noguera. Gracias, amigos.



























