El bosque de las palabras

Hace unos días, mi compañero y amigo Jesús Jaén presentó en Málaga, en el Centro Cultural María Victoria Atencia, su primer poemario, Ceniza lenta.
ISABEL ROMERO, poeta, gestora cultural y directora de la colección Dabisse Romero, abrió el acto de la presentación con palabras de agradecimiento al Centro Cultural y a la editorial Anáfora y glosó su interés por promocionar la publicación de valores emergentes en la poesía de nuestro entorno.
Seguidamente, me cedió la palabra, pues Jesús Jaén confió en mí para esta presentación, confianza que yo agradezco en el alma.
CENIZA LENTA es la ópera prima de Jesús Jaén Ruiz, que, como saben ustedes, es un prestigioso periodista y actor de doblaje, que, tras casi toda su vida escribiendo, es llegada la hora en que ha publicado su primer poemario, con un título tan atractivo como este de Ceniza lenta.
Les puedo asegurar que este es un poemario evocador, introspectivo y sensible, que conjuga poemas de raíz existencialista, identitarios y de cierta carga social.
El escritor y poeta Joaquín Palmerola nos leía el poema que da título al libro:Ceniza lenta.
El poemario se lee, pero, como dice el pintor Antonio Montiel en el prólogo de la obra, también se contempla.
Jesús Jaén reflexiona con humildad sobre su entrada a esta estancia literaria, morada de la poesía.
Entro.
No por la puerta grande,
sino por esa rendija que deja el mundo
cuando se distrae.
Esto escribe el autor en su primer poema, Primer día en la fábrica de metáforas. Porque, como cualquier penitente henchido de honestidad, construye los versos de este poemario con la memoria sostenida en el tiempo, pero también con las ausencias que lo determinan.
Las paredes me miran
con ojos de cal apagada,
y cada sombra que se alarga
es un huésped sin nombre.
Las paredes, el reloj, la silla del poema La habitación vacía, testigos fidedignos de lo que ya no está.
Ausencias no necesariamente físicas, que también, más las otras. Por ejemplo, la de la empatía o la de la propia cotidianidad que se hace infierno.
El infierno no está bajo tierra,
está en el aire que respiramos,
en el plástico que devora los océanos,
en las manos que disparan por un trozo de poder.
El verdadero infierno, que nada tiene que ver con el “parque temático” que Dante dibujó.
Ceniza lenta son versos de la memoria, de la autenticidad del ser, explorando lo frágil del hombre.
El fotógrafo y poeta Fran Hernández nos leía el poema Capitales.
Siete puñales a la condición humana, siete pecados irredentos, cuyos poderosos versos construye Jesús, en siete estrofas de cuatro versos, cuyo denominador común es que todas empiezan con un verso octosílabo, y continúan hasta morir, siendo de arte mayor.
Quiero hacer notar que nuestro poeta utiliza la antítesis con frecuencia, y que esta será una figura retórica que, en mi opinión, va a identificar la poética de Jesús Jaén, no solamente en esta obra, sino en las venideras.
Usar la negación para reforzar la afirmación de lo comunicado confiere al poema una identidad.
Como ejemplo pondré que, en el poema leído por Joaquín Palmerola, Ceniza lenta, leemos:
“Allí nació la ceniza lenta, no en su pálido gris,
sino en un polvo de luna marchita…”
Versos de ceniza que nos acompañan en nuestras soledades y esperanzas.
La ceniza deviene de algo que ha ardido, los restos de un fuego que parece apagado; sin embargo, la ceniza aún conserva el calor, el calor de la memoria que fue pasión, vida y dolor.
Por eso Jesús, entre la luz y la sombra, elige la penumbra, que es como el color de la ceniza, y que es parte del brillo que vendrá.
Ser inhumanos, indiferentes, porque los prójimos, ya cansados, no ayudan al resplandor. La sociedad se empobrece porque las personas empobrecidas de individualidad se instalan en la indiferencia y “la indiferencia se acomoda sin pudor”.
La poeta Natalia Santa Olalla nos lee Crónica del asiento vacío.
Cabe, pues, en este poemario la crítica social, pues en la ceniza el rescoldo y en las ascuas lo recuperable a lo largo del camino, pues este poemario, sin lugar a dudas, es un camino, un viaje, y en el viaje, la redención, porque el viaje es un “pacto con la vida y el olvido”.
En el poemario, la palabra se alza sobre todas las cosas para no dejar desamparado al lector.
La palabra comparte soledades y esperanzas.
La palabra de Jesús permite leer sus poemas, pero también permite visualizarlos, como las pinturas que Antonio Montiel aporta a este poemario. Pinturas que no solamente se contemplan, sino que ellas, por su color y su forma, también se leen.
Y hay algo más sobre la palabra de Jesús Jaén en este su primer poemario: las palabras que este locutor de radio y actor nos ha regalado a nosotros, sus escuchantes, son las mismas palabras que ahora él, propiamente, escucha, y que a él le sirven como una especie de catarsis existencial, que en realidad se traduce en un viaje emocional que pone la estructura al poemario: Entra humilde al mundo de la poesía, se desnuda interiormente, nos advierte de lo exterior y nos pide memoria y dignidad para llegar a la última estación.
No obstante, llegar no es fácil. Nunca nadie dijo que fuera fácil librar esa lucha entre la permanencia y el adiós, pues el alejamiento de lo que amamos nos desnuda y nos hace más vulnerables.
En las próximas imágenes veremos al actor Eduardo Duro leer las dos primeras estrofas del poema No me iré mañana, seguramente uno de los poemas más bellos y más rotundos de los muchos que en el poemario encontraremos.
Ceniza lenta es un poemario en verso libre, como libre es el pensamiento del autor, a modo de crónica de vida, reflejo de su profesión periodística, y que utiliza la métrica, en los sonetos y en los haikus, para ordenarse interiormente.
CENIZA LENTA, POEMARIO DE JESÚS JAÉN RUÍZ, PUBLICADO POR ANÁFORA EN LA COLECCIÓN QUE DIRIGE LA POETA ISABEL ROMERO
Los vídeos y las fotografías pertenecen a Ana Paula Mena Galán y a Natalia Santa Olalla.

























